-------------- Capítulo 5, el gran error.-------------------------
Marth sabía que la información que tenía sobre lo que Link le contó a Zelda le daría su último golpe victorioso en esta batalla. Aunque haya sido intencionalmente sabía que él ganaría como quiera. Cuando engañas a una persona diciéndole que sólo le darás amor pero sólo te querían por una cosa en especial es desgarrador.
Pero Marth no se llegaba a sentir bien con lo que podría pasar.
—Creo que nunca debí de haberlo retado, me siento... Me siento un inhumano– Marth se estaba deprimiendo porque esto también le afectaría a él, a sus amigos, a todos.
—¿Por qué fui un idiota?– Marth se sentía cada vez más culpable en solo pensar más en eso.
—Deberías resignarte, ya has hecho mucho daño desde el principio, tú y Roy van a sufrir mucho– Link estaba a un lado suyo, estaba meditando las cosas también. Una simple broma podría afectar hasta los que no son las víctimas.
—Soy un ser humano después de todo, evitaría todo esto pero debo aceptar mi culpabilidad– Marth se empezaba a calmar un poco, aunque sabe que sufrirá más en adelante.
—Creo que también es mi culpa, debí poner un alto en lo que hicieron– Link estaba viendo el suelo, con solo escuchar a Marth él se sentía mal.
—No es tu culpa, no te sientas así. Yo y Roy no tuvimos autocontrol, nos dejamos llevar– Marth estaba aceptando su culpa algo bien. Sabía que él no hizo nada y no debía involucrarlo.
En la enfermería Roy arregló la mano de Daisy y empezaron a charlar.
—Creo que te ves muy linda sonriendo, Daisy– Roy estaba perdiendo su timidez al hablarle.
—Roy... No sé que decirte–. Daisy estaba sin palabras.
—Daisy, puedes contar conmigo para lo que sea, en serio. No te sientas apenada en decirme este tipo de cosas— Roy tomó su mano y la besó.
—Yo te protegeré– Roy dejó su mano a su dirección. Daisy no podía creer que él había besado su mano, se sentía extraña.
—Bueno, Roy, será...— Daisy lo vio fijamente y notó que estaba rojo. Era de esperarse, había besado su mano.
—Será mejor que vaya a mi cuarto– Daisy se fue corriendo apenada por lo que había sucedido.
Mientras tanto Zelda estaba con Peach, Zelda le había contado lo que le dijo Link y estaban discutiendo si deberían decirle a Daisy.
—¿Tú que crees que deberíamos de hacer?– Zelda estaba preocupada por lo que le podría pasar a Daisy.
—Sé que Daisy ya no es una niña, pero esto es ¡ARRRGH! ¡INACEPTABLE!– La rubia estaba que ardía en la sangre.
—Creo que debemos de– Zelda– estaba a punto de terminar lo que iba a decir hasta que vio a Daisy entrar.
—Oh, Daisy, ¿Qué pasó?– Peach estaba alegrada de ver a su quería mejor amiga.
—Hola Peach, Zelda, tengo que contarles algo–. Daisy estaba algo apenada.
—Daisy, ¿¡Pero qué te pasó!?– Peach vio como es que tenía un poco de tierra y vendada la mano.
—Alguien me atacó–. Daisy hizo una pausa.
—Roy me ayudo con la herida, él... Él me curó– Daisy vio su herida y sentía algo raro en su estómago.
Zelda y Peach solo callaron.
—Él ha sido muy lindo conmigo, pienso que es una persona única. Me gusta como es que me trata, aunque me duela el estómago cuando estoy con él o me incomode porque él se me queda viendo. Pero, me gusta como me mira cada vez que nos vemos.– Daisy soltó un suspiro al haber dicho eso.
—Él me estaba curando la herida, él me prometió protegerme. Después de haberme vendado él besó mi mano–. Daisy tenía la mente perdida en otra parte, no paraba de ver su mano, sonreía cada vez que recordaba lo que hizo.
Peach y Zelda estaban perplejas, no sabían que decirle a Daisy sobre la apuesta, se notaba bastante que empezaba a gustarle.
—Me voy a mi cuarto, si necesitan algo me llaman–. Daisy se fue sonriendo a su cuarto.
En cuanto cerró la puerta Peach y Zelda entraron en pánico.
—¿Qué haremos Peach? ¡SOLO LE VA HACER DAÑO!– Zelda estaba muy frustrada en esto.
—No sé, hay que calmarnos, en este tipo de eventos Mario sabe que hacer.– Peach sacó su smartphone y le llamó a Mario.
—¿Bueno?– Mario contestó al teléfono.
—Mario, soy Peach necesito que vengas, si quieres trae a Luigi, necesito hablar contigo. ¡URGENTEMENTE!– Peach le gritó asustada a Mario, con ese grito puso en alerta a Peach.
—¡Ya voy Peach! ¡No te preocupes!–. Mario corrió, le dijo a su hermano y juntos se fueron corriendo donde estaba Peach.
Mario llegó corriendo, iba a empujar la puerta pero Daisy la abrió. Mario se tropezó con su tacón y cayó de cara al piso.
—Ay, ¡Mario! ¿Estás bien?– Daisy le ayudó a levantarse.
—Sí, ejem, yo soy un hombre de acero– Mario puso su mano derecha para sobarse la cabeza.
En eso llega Luigi.
—Hola chicos, veo que van a tener una perfecta reunión– Daisy vio a Mario y Luigi.
—¿Te vas a ir Daisy?– Le preguntó Zelda.
—Sí, necesito ir a mi jardín– Daisy vio el reloj y sólo se despidió —Adiós, ¡Disfruten de la platica!– Daisy cerró la puerta y se fue caminando.
Mario se sentó a un lado de Peach, Luigi se sentó en frente de ellos.
—¿Qué sucede Peach?– Mario estaba muy preocupado porque ella estaba algo alterada.
Peach decidió contarles lo sucedido para que ayudaran en este problema, pero nunca se imaginarían que esto iba a traer más problemas que antes.
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