miércoles, 8 de junio de 2016

Capítulo 17, toma mi mano.

Daisy despertó en la cama de Roy, él la trajo a su cuarto porque en la tienda de acampar porque resultaba incómodo el estar acostado en el suelo. Volteo a ver su cuerpo y estaba cambiada, tenía solo una blusa blanca y su ropa interior.

Cuando volteo a ver a su alrededor vio que el cuarto seguía igual, los trofeos, los libros, todo. Excepto que la ropa de Daisy estaba en una silla al lado derecho de ella.

Ella se paró para ponerse la ropa, era la que tenía antes.
Cuando se terminó de ponerse por lo menos su pantalón se iba a quitar la blusa hasta que se dio cuenta que Roy estaba en la puerta.

—Lo siento, yo... Yo te traje el desayuno.– Roy miro al piso mientras cargaba una bandeja con comida.

Daisy se avergonzó, tenía suficiente con lo que pasó anoche.

—Gra... Gracias– Daisy desviaba la mirada.

Daisy se sentó en la cama y Roy le puso la bandeja sobre sus piernas.

La comida eran Waffles decorados con diferentes cortes, tenía para beber un jugo de naranja natural. La apariencia de los waffles se miraba muy profesional, el color era uno dorado. Se miraba muy delicioso.

Daisy se sorprendió por el desayuno, no sabía que Roy era un gran cocinero.

—Roy, ¿Tú lo hiciste?– Roy estaba sentado a un lado de Daisy, no paraba de verla.

—Yo, eh, sí. Yo los hice– Roy le sonrío a la princesa.

—No sabía que eras un buen cocinero– Daisy puso su mano encima de la suya.

Roy tomó su mano.

Daisy se armó de valor e intercambiaron miradas, Roy se acercó a Daisy. Ella cerró los ojos y él la contemplaba.
Cuando se dieron un beso sentían esa sensación en el estómago.
Esa sensación que los hacia felices.

Cuando terminaron de besarse tocaron la puerta. Roy se levantó a ver quien era.
Daisy empezó a desayunar, después empezó a preguntarse.

—¿Será que debo ser más amorosa con Roy?– Daisy se le quedó viendo a la comida.

—He sido poco expresiva con él, debería hacer algo. Él me ha ayudado tanto.– Daisy vio su anillo, sí, el anillo que le regaló Roy.
Cuando ella lo vio se alegró y se dijo.

—Voy hacer todo lo posible por demostrarle mi amor– Daisy terminó de desayunar mientras Roy estaba en la puerta.

Él revisó por la lupa de la puerta y vio que eran Peach y Zelda.

Él abrió la puerta y las dejó entrar.
Peach cruzó los brazos y le preguntó.

-¿En dónde está Daisy?– Peach estaba muy enojada, no llegó en toda la noche a su cuarto.

—Está conmigo y se quedará conmigo.– Roy al terminar esta frase vio que Peach entró a fuerza a su cama.

—Oh, ¡Daisy!– Peach se sorprendió al verla bien, se alegró de que ella estuviera sana y salva y fue a abrazarla.

Zelda por otra parte le preguntó a Roy sobre que hicieron ayer en la noche.

—Emm, hablamos.– Roy desvío su mirada hacia el piso, no querían que supieran que pasó.

—Oh, bueno, mejor olvídalo– Zelda supo que pasó algo entre estos dos y prefirió no interferir.

Peach no se movía para nada con Daisy, Zelda volteo a ver a Roy y notó que quería estar solo con Daisy.

Zelda tomó a Peach de la mano y se despidieron.

Roy les abrió la puerta y le dijo gracias a Zelda, al cerrarla supo que al fin tendría un momento con Daisy.

Daisy iba a levantarse de la cama pero tropezó con la silla, estaba muy junta a la cama y no se dio cuenta que la silla estaba interfiriendo en donde iba a caminar.
Roy la llegó a tomar de cintura y evitó la caída.

—¿Estás bien?– Roy se asustó.

—Sí, sí, eso creo– Daisy estaba viendo la cara de Roy de nuevo.

Daisy vio que sus ojos azules se hacían grandes y eso le encantaba.

—Bueno, eh...– Roy se calló, no sabía que decir. Su amada lo estaba intimidando con esa mirada de amor.

Roy desvío la mirada y empezó a ver por la ventana, Daisy notó que se hacía cada vez más rojo de la cara de la vergüenza.

—Roy.– Daisy puso sus manos sobre su cara y lo siguió viendo.

—¿Sí?– Roy no paraba de pensar que Daisy era muy hermosa.

—Te amo– Daisy le robó un beso de la boca, Roy estaba desprevenido.

Al terminar su beso Roy la tomo de la cintura y le dio un beso en la mejilla.

—Vamos a dejarte a tu cuarto, mi princesa.– Roy tomó a Daisy de sus pies y de su espalda para cargarla.

—Claro, mi héroe.– Daisy soltó una risa y se fueron a su cuarto.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario