Roy corrió donde Daisy se desmayó.
Él tomó su brazo, le quitó sus guantes. A un lado de las venas le checo el pulso, en las arterias ya que las venas no pulsan.
Daisy seguía respirando, así que Roy la cargó y se la llevo a enfermería.
Cuando Daisy despertó estaba muy débil, pero empezaba a estar estable.
—¿Dónde... Estoy? – Daisy vio que estaba en una cama, con una bata quirúrgica desechable. La cama era de enfermería, a un lado suyo tenía una máquina para pasar suero.
En los lados derecho e izquierdo estaban las paredes de cortinas, atrás era una pared de color blanco, en frente de la cama estaba una ventana que tenía la vista de un parque.
Dr. Mario se asomó para verificar que la paciente despertó.
—Oh, ha despertado, permiteme. – Dr.Mario sacó un esfigmómetro, lo colocó en su brazo y empezó a sacar su presión.
—Bien, estás muy bien. ¿Tienes ganas de ir al baño? – Dr. Mario se preocupa por sus pacientes.
—No, quiero saber dónde está Roy. – Daisy empezó a preocuparse bastante por él.
—Él está en la sala de espera, por ahora no deben visitarte. Tienes que quedarte en reposo por ahora. – Dr. Mario iba a retirarse, no sin antes firmar la tabla que estaba en la cama de Daisy.
—Oh, por cierto princesa, el señor Roy le dejó su medallón. No se preocupe, se lo entregaré ahora, sólo permitame un poco. – Cuando dejó de firmar, puso la tabla en su lugar y fue por el medallón.
Roy estaba sentado afuera de la enfermería, era un pasillo como la sala de espera de un hospital; a un lado suyo estaba Marth, Link, Zelda y Peach sentados. Roy y Peach eran los que se miraban más preocupados.
Dr. Mario le entregó el medallón a Daisy en sus manos, después se retiro.
Daisy al tener el medallón en sus manos se sintió aliviada, se sentía mejor.
En eso una enfermera pasó.
—Tiene una visita, princesa. – Daisy seguía viendo a través de la ventana, no le hizo caso a la enfermera.
La visita era la profesora de Daisy de princesiología y la de princesiomagia.
Daisy vio que las dos profesoras estaban preocupadas y se miraban algo apenadas, apenas iniciaban las clases y Daisy ya estaba en problemas.
—Princesa Daisy, nos hemos preocupado mucho por las dificultades que pasó, pero debemos decirle esto antes de que suceda antes –. Una de ellas, que era de princesiología explicó.
—Resulta que su medallón tiene un gran poder y usted casi pierde la vida porque otras personas jugaron con él –. La maestra de princesiomagia terminó la explicación.
Daisy al escuchar esto se empezó a preguntar sobre que poder tenía ella.
—Entonces, ¿Qué tipo de poder tengo?, ¿Acaso soy un creador o qué? –.
—Me temo que eso no lo sabemos, lo debes investigar tú. – Las dos profesoras le desearon un buen día a la princesa y se retiraron.
Daisy algo confundida tomo su medallón, cuando vio que empezaron a pasar todos sus amigos.
Todo fue genial, Peach llevó un pastel y todos celebraron. En un par de horas dejaron que Daisy se fuera.
Cuando Daisy llegó a su cuarto vio que Roy le preparó una sorpresa.
—Roy, yo... – Daisy empezó a llorar, Roy no sabía si de la emoción o de tristeza así que se preocupó.
—¿Daisy, qué te sucede? – Roy tomo de la cintura a su amada y con sus dedos le quitó sus lágrimas.
—Eres tan bueno conmigo, no pude agradecerte lo que me hiciste. Siento que soy una inútil. – Roy al escuchar esto la besó en la frente y le dijo.
—No eres una inútil, oye, por ti doy toda fortuna y hasta mi vida. Casi mueres, te desmayarse y por eso decidí llevarte a la enfermería. – Roy hizo una pausa.
—Daisy, eres mi todo, si tú te suicidas yo me voy contigo, si tú te vas a otro país yo también voy. Quiero seguirte y amarte, yo me moriría si te perdiera. – Daisy volteo a ver los ojos de Roy, él estaba diciendo la verdad, sus pupilas estaban grandes. Era la cara del amor.
—Te amo, Roy. – Daisy soltó una sonrisa.
—Yo también te amo, mi dulce Daisy. – Después de que Roy dijera eso se besaron.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario